La profesión del perito judicial exige rigor e imparcialidad. En ocasiones, no nos contratan para determinar la verdad, sino para respaldar una falsedad. Aceptar un encargo sin auditar los hechos nos expone a validar un fraude al seguro.
El caso del SUV Premium: la historia manipulada
Un cliente nos contactó tras el supuesto robo de su SUV de alta gama. Tras reaparecer, la aseguradora solo cubría los daños visibles (luna y puerta). El cliente buscaba una peritación contradictoria para reclamar averías graves de motor, usando como pretexto que su mecánico «de confianza» se ofrecía a reparar el coche por pena.
Las señales de alarma (Red Flags)
El mecánico custodio: Contactamos con el mecánico a quien robaron el vehículo. Nos reveló que una empresa de investigación ya lo había entrevistado y confirmó su oferta de reparación. El cliente había manipulado este hecho para justificar su encargo.
Aviso de la concesión: Al visitar el concesionario donde se custodia el coche, el jefe de taller nos alertó de que el perito de la aseguradora ya estaba trabajando en él y se extrañó de la presencia de un segundo perito.
La prueba definitiva: diagnosis electrónica avanzada
Solicitamos una diagnosis de la centralita (ECU) para obtener certeza objetiva:
Distancia recorrida tras la salida del taller custodio: entre 1 m y 1.999 m.
Diagnóstico: Pérdida de compresión en 3 cilindros.
Conclusión: Es imposible causar esa avería en menos de 2 km. El fallo era anterior al supuesto robo.
El cliente pretendía valerse de un informe técnico para dar cuerpo a su mentira e imputar una avería preexistente a la póliza.
Conclusión
Contrastar versiones con los custodios reales, escuchar a los concesionarios y apoyarse en la diagnosis avanzada son pasos vitales para proteger nuestra responsabilidad legal y reputación. En este caso la lección es clara: perdimos un cliente, pero ganamos en objetividad y nos evitamos graves problemas.
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